EL ADELANTADO DE SEGOVIA
15 junio 2009
 
Opinión
COLABORACION
Historia viva
Miguel Ángel Herrero

Hace unos días recibí un correo electrónico de un amigo, historiador, que reside en Estados Unidos. Cuando hace algunos años viajó a Europa quiso pasar unos días en Segovia. Quedó fascinado, no sólo por lo que vio, sino también por el buen trato recibido (gastronomía incluida). Desde entonces, y mientras encuentra otra oportunidad para volver, mantiene un contacto a distancia conformándose con visitas virtuales a través de Internet. En el correo me preguntaba por Diego de Colmenares, del que tenía alguna referencia gracias a la lectura de un artículo aparecido en "El Adelantado. com", titulado "Diego de Colmenares, en el olvido". Le envié algunos datos biográficos y le mencioné la "Historia de la insigne ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla", con la promesa de acompañarle en su próxima estancia para visitar los lugares relacionados con el más ilustre cronista segoviano.

Cumplido mi compromiso decidí escribir estos breves comentarios. Un modesto recuerdo a los cronistas segovianos que a lo largo de los siglos han dejado constancia de tantos acontecimientos que conforman nuestra larga historia. Aquellos que han contribuido al acervo común del que se nutren las nuevas generaciones. Gracias a su labor, los hechos pretéritos se hacen presentes en la memoria y nos permiten compartir y apreciar los valores propios sin menospreciar los ajenos. Diego de Colmenares, el primero y más destacado cronista segoviano, sin dejar su lugar de nacimiento fue un incansable viajero que recorrió los siglos de nuestra historia remota. Descubrió antiguos sucesos y anotó hechos que él vivió. Muchos de ellos dignos no sólo de ser relatados, sino también de ser emulados. "Revolví los archivos generales y algunos particulares de nuestra ciudad y obispado, junté libros y papeles con mucho gasto y diligencia, procurando con trabajo, perseverancia y desvelos suplir en algo la falta de mi suficiencia para empresa tan grande". Hizo compatible el ministerio eclesiástico en San Juan de los Caballeros con sus incursiones por la Segovia secular. Y durante catorce años investigó en el archivo de la Catedral (donde late buena parte de la dilatada vida de nuestra ciudad). De allí sacó a la luz un cúmulo de acontecimientos que hoy día nos ayudan a conocer mejor nuestros orígenes, realizando con ello un elocuente servicio a la sociedad segoviana de todas las épocas. Así, por ejemplo, en el Capítulo 47 de su "Historia de Segovia" cuenta la visita que el rey Felipe III hizo a la ciudad, un jueves 29 de octubre de 1598. "Apeóse en el alcazar, a cuya puerta el conde de Chinchón don Diego Fernández de Cabrera y Bobadilla, le entregó las llaves, que le volvió luego. En comiendo bajo al ingenio a ver labrar moneda" (detalle significativo sobre el atractivo "turístico" que en aquella época ya tenía el Real Ingenio de la Casa de la Moneda). Las circunstancias en las que tuvo lugar la visita del monarca eran especialmente emotivas. Pues, por aquellas fechas comenzaba a remitir la peste que asolaba a toda Castilla desde 1596. Se comprende que ante la gran penuria existente y a falta de recursos terrenales, el pueblo acudiese al auxilio de los celestiales y pidiese a San Frutos el remedio que hoy suele resolver la avanzada medicina actual. A mediados de agosto se notó una evidente mejoría, "habiendo muerto en seis meses más de doce mil personas". No es de extrañar que la gente agradecida "en nombre de la ciudad votara de celebrar la festividad de San Roque, cada año en diez y seis de agosto".

Para mi amigo americano la historia de los pueblos pacíficamente compartida viene a ser como la memoria en las personas sensatas. En la madurez suelen convivir con sus propios éxitos y fracasos, aprendiendo de unos y de otros con la esperanza de labrarse un futuro mejor. A esa tarea colectiva contribuye el honrado cronista y, por eso, su trabajo debe ser reconocido, levantando algún monumento público en su memoria. Pero, mientras los presupuestos oficiales anden escuálidos y la voluntad política flojee, el mejor modo de recordar a Diego de Colmenares es difundir su vida y su obra para que no caiga en el olvido. La atenta lectura de sus crónicas ayuda a estimar el legado recibido de las gentes que en siglos pretéritos habitaron estas tierras a la vera del Eresma. Las que recorrieron las mismas calles y compartieron los mismos afanes. Pero, no sólo la lectura de documentos históricos nos acerca a nuestros antepasados, también la rehabilitación de antiguos monumentos como el edificio del Real Ingenio. Su reconstrucción material significa en cierto modo rescatar del olvido un gran capítulo de la historia de Segovia y de la historia de Europa. Es la mejor tarjeta de presentación para el título de Capital Europea de la Cultural en 2016.



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http://www.segoviamint.org/espanol/prensa.htm