EL ADELANTADO DE SEGOVIA
26 mayo 2009
 
COLABORACION
Tres nombres propios
PABLO MARTÍN CANTALEJO

Me encontraba a muchos kilómetros de distancia de Segovia cuando abro mi correo electrónico y leo una dolorosa noticia: Ha fallecido Hipólito Escolar Sobrino. A mi regreso, al repasar los ejemplares atrasados, veo una nota biográfica de mi buen amigo y ejemplar segoviano, por cuanto Hipólito, sin ser muy conocido aquí, llevaba el nombre de Segovia y de su lugar de nacimiento, Navalmanzano, hasta en muchos de los libros que escribió. Por ejemplo, en la dedicatoria que me hizo del ejemplar “Historia del libro español”, escribía: “También aquí me acuerdo de Segovia, querido Pablo”. También se acordaba en “No pudimos escapar” cuando me escribía: “Me gustaría ayudar a la difusión de esta obra dedicada a Segovia y los segovianos”. Y en “Gente del libro”, en “Perucho, un paje en la Corte”, en “Diario de una experiencia”... Desde 1987 y durante algunos años, Hipólito, en la Navidad, nos obsequiaba a los amigos con unos breves relatos en los que tampoco olvidaba a nuestra provincia.

En 1981 iniciamos en este periódico la publicación, cada sábado, de un extra titulado “Fin de semana”, en el que junto a reportajes, entrevistas breves y la programación semanal de TVE, incluimos, a partir del 21 de marzo, una sección titulada “Segovianos ausentes”. Pedí a varios de ellos una breve biografía, una foto y un artículo, y asimismo que me dieran a conocer nombres de otros segovianos a los que pudiéramos incorporar a la sección. La inauguró el hoy ya veterano colaborador Apuleyo Soto, entonces con un rostro cubierto de poblada barba, y así conocí y llegó a la sección Hipólito Escolar, pues el 11 de abril apareció su biografía, la fotografía (curiosamente, la misma que se ha publicado ahora con motivo de su fallecimiento) y un artículo que titulaba “El testimonio más antiguo de la censura”. Un día me llamó desde su despacho de director de la Biblioteca Nacional para decirme que muy cerca de ella había otro segoviano, precisamente como director del Centro Cultural de la Villa (bajo la estatua de Colón), Eduardo Huertas, que también se incorporó a nuestra sección, como igualmente lo hicieron Pedro V. García, Daniel Sanz Pérez, Victoriano Borreguero, Juan Pablo Ortega, Juan Sanz Ramos, Demetrio Casado, Tomás Calleja, Joaquín Vidaechea, Antonio Linaje, Manuel Palomares Casado...

Si dolorosa es la despedida definitiva para un amigo, también lo es, en otro sentido, la incomprensión, la marginación a la que se está sometiendo a otro personaje de nuestros días que está haciendo por Segovia, en España y fuera de nuestras fronteras, una auténtica campaña de divulgación: Glenn Murray, a quien, en estos momentos hay que felicitar porque, aunque su trabajo a favor de la ceca segoviana (repito una vez más que gracias a él se está restaurando) se pretende aquí minimizarle, fuera se le reconoce abiertamente, como acaban de hacerlo la Unión Europea y Europa Nostra al concederle uno de los premios a la conservación del patrimonio, galardón que recibirá en la preciosa localidad siciliana de Taormina, bajo la vigilante humareda perenne del Etna.

Finalmente, otro segoviano ejemplar emprendedor, Javier Giráldez, viene a completar la lista de “tres nombres propios”. Javier, con su admiración por África y el arte africano, acaba de reabrir “La Casa del Siglo XV” por medio de la Fundación Hispano Africana. Habrá exposiciones con obras de aquel continente, además de ofertarse arte autóctono. En el escaparate hay unos bellos ejemplos, y mientras yo les contemplaba, aparece Javier, con una flamante rosa roja en el ojal, y me muestra un originalísimo collar expuesto, de vidrio italiano pintado, y me comenta: “La Fundación está recuperando, paulatinamente, obras de arte llegadas a África en tiempos remotos a cambio de productos varios e incluso por la compra de esclavos, obras que se han conservado especialmente en aldeas y que tratamos de ir recuperando en lo posible para devolverles todo el gran valor que tienen”.