GENTE EN SEGOVIA
21 abril 2009
 
Opinión

Corporación Derribos

Ahora toca derribar el fielato del Mercado. Último vestigio del pasado en un barrio de comerciantes ganaderos del que sólo quedará la ermita del Cristo homónimo.
Oficina de cobro de diezmos y alcabalas. Derechos de consumo que contribuían a los gastos del erario municipal y que ahora lo hará en forma de codiciado solar
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20/4/2009 - 18:12

En este caso pierde el actual equipo de gobierno la oportunidad de haber colocado, en el paño de la casa que se eleva tras la pequeña construcción, alguna propaganda de su buen hacer en pro de la ciudad.

Ahora que sabemos, confidencialmente, de la ególatra necesidad de algunos de nuestros gobernantes por biografiarse. Dicen que puede ser algún virus anglosajón, muy dados a estos menesteres, generalmente, tras el abandono de cargo. Eso sí, en gobierno de más enjundia.

A lo nuestro. No es baladí lo de Corporación Derribo: el teatro Cervantes con las pinturas mural de Lope Tablada; la Casa de Mixtos trazada por Sabatini, en la Maestranza; La Real Fábrica de Paños de Ortiz de Paz, orgullo de la Segovia industrial, emporio de la lana; la antigua cárcel en la que, según oímos en su día, una parte se rehabilitaría como centro cultural; el desastre de las huertas conventuales… y ahora toca un fielato.

A los que les vendrá de perlas este último derribo es a los directivos de la Asociación de Vecinos del Cristo que llevan tiempo reclamando un local adecuado a sus pretensiones y, con el trueque del fielato, el alcalde les va a poner piso. De 200 metros cuadrados.

Menos mal que tenemos declaración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad y parece que intramuros se mantiene un cierto estatus histórico, obviando el desaguisado de la huerta de las Oblatas y la defenestración del teatro Cervantes, donde para 2010 parece habrá obras (recuerden la fecha. Barruntar urnas obra milagros. Sobre todo a la hora de prometer).

Extramuros, salvo nueva Desamortización, mantiene el legado monumental religioso. El civil está casi desaparecido, a las pruebas nos remitimos.

La Casa de la Moneda se salvó, por la lucha pertinaz de unos cuantos y la cabezonería de un “Segoviano del año 2009” otorgado por una de las instituciones señeras del segovianismo allende sierra: el Centro Segoviano de Madrid. El español nacido en California doctor Glenn Murray no lo olvidemos.

Como decía Justo Verdugo en su último “Qué se cuece” de este periódico: “¿Hay alguien? Alguien, alguien, alguien…”.

De árboles ya no hablamos, al final vamos a echar de menos a la señora Pampillón.


EL NORTE DE CASTILLA
20 abril 2009

LA ELIPSE

Derribos derribos

Por Carlos Álvaro

No quiero escribir cosas que puedan volverse en mi contra, así que me van a permitir que no ponga en estas líneas lo que me parece el derribo de la vieja cárcel perpetrado en los últimos días; al menos en toda su crudeza. Quien me conoce se lo puede imaginar. Sólo les diré que en pocos años, desde que está el Ayuntamiento que nos rige, han desaparecido el teatro Cervantes, la Casa de Mixtos de la Dehesa, el edificio de la Electricista Segoviana –junto a la plaza de toros–, la Casa Grande del Regimiento y la Casa de Templanza de la cárcel provincial. Como no han tenido suficiente, para las próximas semanas anuncian la demolición del fielato del barrio del Mercado y la perforación del paseo del Salón. Si se fijan, la Concejalía de Patrimonio Histórico, creada en el 2003, tiene una trayectoria de logros difícil de igualar. En su día, el candidato Arahuetes recogió la propuesta de Glenn Murray para crear una Concejalía de Patrimonio Histórico. Verdaderamente, era una buena idea; pero, como dijo Ortega, ha resultado que «no es eso, no es eso».

Me temo que de la Segovia de hace cien o ciento y pico años no está quedando piedra sobre piedra, tan sólo el teatro Juan Bravo y algunas puertas modernistas del recinto amurallado que los vecinos acabarán cambiando en cuanto no cierren bien. Estos de la memoria histórica no han respetado ni la vieja cárcel, morada de tantas penas y quebrantos, testigo de una época que no debiéramos olvidar. Ya no volveremos a ver las torretas neogóticas de la Casa de Templanza, ni el ventorro de Villa Ángela, ni los arcos de medio punto de la nave de la Electricista, inmueble ideado hacia 1888 como estación del tranvía a La Granja. Los buscaremos en fotografías que nos servirán para recomponer un pasado lejano, una infancia perdida.
Cuando alguien no reconoce el paisaje urbano en el que ha nacido, en el que ha crecido, es que ha empezado a morir.