EL ADELANTADO DE SEGOVIA
6 diciembre 2009
 
OPINIÓN
 
COLABORACION
El Cercén
Miguel A. Herrero

En el "Diccionario de uso del español" de María Moliner, se lee que "cercenar" equivale a "cortar lo que sobra de una cosa para que tenga la forma o el tamaño debidos; por ejemplo, una moneda". En una segunda acepción significa quitar o disminuir. Así, por ejemplo, "cercenar las atribuciones, los derechos, la autoridad, los gastos". Por motivos muy diferentes, una palabra de uso infrecuente como es el sustantivo "cercén" ha sido protagonista de la actualidad local. En un caso, a propósito del error detectado por el presidente de la Asociación Amigos de la Casa de la Moneda en uno de los paneles informativos de la exposición organizada por la Consejería del Patrimonio Histórico sobre la Ceca segoviana. En tiempos en que el dinero circulaba sólo en forma de piezas de metal, estaba extendido el fraude de cercenar o recortar las monedas para sustraer pequeños fragmentos del valioso metal (oro, plata o cobre). Esto podía hacerse fácilmente debido a una defectuosa fabricación de las monedas. Y no porque se acuñase a martillo (como dice erróneamente el panel informativo), sino debido a que los cospeles (o discos metálicos antes de ser troquelados) no eran completamente redondos, por el contrario, tenían un perfil irregular, pues por falta de la maquinaría apropiada se hacían a mano. Precisamente, una de las grandes aportaciones del sistema de fabricación del Real Ingenio de Felipe II fue mejorar la forma circular de las monedas para evitar o al menos atajar el fraude por cercén o recorte del borde irregular. Hoy día, los falsificadores realizan su "trabajo especializado" con los billetes, que es obviamente mucho más rentable. La falsificación de monedas es cosa del pasado.

Por desgracia, hoy es más frecuente el otro significado de "cercén", en el sentido de recorte de derechos, aunque en sí la palabra se use poco. Pues estamos asistiendo a no pocos casos en que el poder político pretende cercenar derechos y libertades, aunque quiera justificarlo dando confusas razones. Sin necesidad de salir de casa, la política local nos brinda más de un ejemplo. Alguno de ellos se viene denunciando ante el trato discriminatorio de que es objeto este periódico en la adjudicación de publicidad institucional, motivado, al parecer, por ciertos comentarios críticos hacia el actual Gobierno de la Diputación. El derecho a expresar opiniones sobre la gestión de quienes gobiernan forma parte de la esencia de una sociedad democrática. La pretensión de domesticar a la opinión pública provocando su asfixia económica no es admisible, teniendo en cuenta sobre todo que se hace utilizando recursos públicos, es decir, obtenidos por la recaudación del dinero de los contribuyentes. Además, cuando se trata de un medio de información de probada independencia y objetividad se discrimina no sólo a la empresa editora, sino también a sus lectores y colaboradores. Así mismo, tampoco es admisible pretender cercenar el derecho y la obligación de la Oposición cuando ejerce un control democrático sobre el Gobierno municipal. Esto se hace, por ejemplo, cuando se hurta a la ciudadanía la información, solicitada reiteradamente, sobre los desperfectos producidos en la Casa de la Moneda y el gasto extra que han supuesto las inundaciones del año pasado. En esos casos y otros muchos que podrían citarse, se confunde la administración inherente al cargo público con su propiedad o posesión en exclusiva. Vicio extendido que suelen corregir los votantes en las urnas. 

Sin embargo, hay algo que mucha gente sí querría que los diferentes administradores del dinero público recortasen. Precisamente, lo que no suelen hacer. Me refiero al recorte del gasto. Se echa de menos una inversión mucho más sensata y austera que ponga límite al despilfarro en gastos de representación, en viajes, en pancartas y otros montajes publicitarios, como acertadamente se ha denunciado hace poco en estas mismas páginas en "Carta abierta al Ayuntamiento" (El Adelantado, 28-11-09).