EL ADELANTADO DE SEGOVIA
28 OCTUBRE 2008
 
El sueño de todos
TRIBUNA
Miguel Ángel Herrero

Las últimas buenas noticias sobre la marcha de la rehabilitación de la Casa de la Moneda han traído a primer plano de la actualidad este singular proyecto. En realidad, desde hace unos veinte años, de un modo u otro, este valioso objetivo ha estado presente entre nosotros, aunque de forma muy diferente, por cierto. Hasta hace poco más de año y medio, cuando comenzaron a ejecutarse las obras (doce meses después del acuerdo de financiación entre las tres administraciones), el proyecto sólo existía en el papel. Ahora, con la mitad del trabajo realizado, las cosas se ven de otro modo. Y, para todos, es más fácil percibir la luz que llega desde la otra boca del túnel (la victoria tiene muchos padres, la derrota es huérfana, se dice). Los que entonces veían visiones, han pasado a ser gente normal, quizá, tan sólo se les reconozca una mayor agudeza visual. Al parecer, hay cada vez más convencidos que se percatan de la importancia de esta magna empresa; es bueno saberlo. Ya nadie duda, de que una vez realizada esta histórica reconstrucción surgirá un singular Museo-taller en un excepcional paraje de la ribera del Eresma. En los mismos edificios que albergaron el complejo industrial de acuñación de moneda de su época y después de veinte meses de una meritoria y compleja reconstrucción arquitectónica, todo parece factible. Ahora que, ya se alza en uno de los edificios, la bella traza flamenca diseñada por Juan de Herrera (muestra única de edificio industrial realizado por el gran arquitecto de Felipe II), ahora, se puede - no imaginar- sino ver todo un sueño convertido en realidad. Una realidad fabricada con nobles materiales, con piedra berroqueña, pizarra y madera de Valsaín. De allí la obtuvo gratuitamente el mismo Felipe II, gracias a la generosidad de los vecinos ("para serbir a Vuestra Magestad (...) que es madera en el pinar de Balsavín").

Pero, ¿cómo se ha conseguido este imposible? Aquella fábrica de harinas abandonada junto al Eresma, para muchos de nosotros, sólo era un montón de ruinas sin futuro, desconocíamos su historia y nada sabíamos de su ilustre pasado. Para sacarla del anonimato hacía falta mirarla con ojos nuevos, con la mirada entrañable de un historiador. Esto es lo que ocurrió hace dos décadas, más o menos. Un joven californiano (hace tiempo nacionalizado español), Glenn Murray, experto en numismática que se hallaba de gira por Europa supo de su existencia. Viajó a Segovia y aquí descubrió un nuevo continente, algo así como Cristóbal Colón haciendo el camino al revés, más de cinco siglos después. En este caso, el continente estaba deshabitado y en muy mal estado, abandonado a las inclemencias del tiempo y sometido todos los inviernos a las inundaciones del mismo río que en tiempos de gloria había sido fuente de energía y de vitalidad para el Real Ingenio.

En líneas generales, esta pequeña historia del descubrimiento y restauración de nuestra Casa de la Moneda sigue el mismo guión que otros muchos ejemplos destacados. Los protagonistas son gente, idealista y animosa, dispuesta a realizar sus sueños sin reparar en el sacrificio, ni en el riesgo que comporta. Para la inmensa mayoría, sus visones de futuro son quimeras. Fantasías irrealizables, para aquellos que todo lo contabilizan en euros o en votos. Incluso, pueden llegar a convertirse en pesadillas y quizá provoquen desencuentros, que son superables cuando hay altura de miras (el resentimiento es siempre improductivo). Para los que persiguen un ideal, una vez llegados a tierra firme, no les importa los obstáculos que han tenido que superar al atravesar el océano. En esta larga travesía de la total rehabilitación e instalación del futuro museo del Real Ingenio, no se han superados todos los escollos, ni mucho menos. Entre otros, el de su financiación y su misma realización, siguiendo el Proyecto redactado en febrero de 2004 y coordinado por Murray, cuando era director del Comité científico del la Fundación del Real Ingenio.

Sin embargo, pienso que la parte más difícil de esta magnífica aventura ya ha sido recorrida. Algunas personas y medios de opinión, como éste donde escribo (siempre atento a ensanchar el horizonte segoviano) la impulsaron decididamente desde el principio, como en su día ocurrió con otro gran proyecto, el del tren de alta velocidad. Entonces, toda la sociedad segoviana se sumó para conseguir un valioso objetivo para todos. Igualmente ahora, la participación ciudadana de particulares e instituciones privadas y públicas, en un futuro próximo hará realidad este gran sueño. Porque, ya no es sólo el sueño de uno: ha comenzado a ser el sueño de todos.