EL ADELANTADO DE SEGOVIA
30 SEPTIEMBRE 2008
 
La Ceca y el río
TRIBUNA
Miguel Ángel Herrero

Hacia finales de 1580, Felipe II quiso instalar en Segovia una fábrica para acuñar moneda. Decidió situarla junto al río Eresma para aprovechar la energía hidráulica necesaria. Desde entonces, las aguas que discurrían ociosas por su cauce natural hacia el Duero, al pasar junto a la ceca, comenzaron a trabajar sin descanso, contribuyendo así al buen funcionamiento de la planta industrial más avanzada y la mejor dotada de la época. Este complejo productivo llegó a tener hasta una decena ruedas de diferentes tamaños, que movidas por la corriente alimentaban, fraguas, martinetes, tornos y demás artilugios que intervenían en el proceso industrial. Aguas arriba, el curso del río seguía mansamente sumido en la paz monacal discurriendo de monasterio en monasterio, desde San Vicente a santa Cruz la Real y de éste al Parral.

Hace una década, más o menos, se llevó a cabo la recuperación de la alameda junto al río. Sin duda, fue una feliz decisión que no quedó en simple promesa electoral. Hoy día, este espléndido paraje está reclamando la continuación y remate de aquella acertada decisión. Es urgente, por ejemplo, arreglar el acceso al monasterio de El Parral y adecentar ese bello rincón. La actual reconstrucción de la Casa de la Moneda y la posterior instalación del museo en su interior serán piezas claves para conseguir la plena recuperación del conjunto monumental y paisajístico. El futuro museo no será sólo un gran espacio para alojar vitrinas o paneles informativos. Se trata sobre todo de recrear en nuestro siglo XXI la actividad fabril del Real Ingenio. Aquel que fue en el siglo XVI motivo de interés técnico para expertos de todo el mundo, que venían atraídos por su avanzada tecnología y por su organización como industria de auténtica producción en cadena, compitiendo con las actuales en control de calidad y medidas de seguridad.

Para alcanzar el objetivo de recrear los antiguos talleres y su actividad, se han de construir varias ruedas hidráulicas con las mismas dimensiones y materiales e instalarlas en la misma posición que tenían entonces. Así, los visitantes del museo podrán contemplar en vivo la acuñación de monedas mediante rodillos y otros trabajos que se llevaban a cabo allí mismo, hace más de cuatrocientos años; se volverán a escuchar los sonidos propios de aquellas tareas de fragua y herrería, entonces, el Real Ingenio cobrará vida, no será sólo un valioso armazón reconstruido. Por esto, se comprende que el papel de río a su paso por la Ceca es vital. Y, por ello, el nivel del agua del río debe controlarse adecuadamente para que al romper sobre las ruedas (de diámetros comprendidos entre 2,5 y 3,76 metros) se obtenga la energía necesaria que haga funcionar los ingenios de laminar el metal, de acuñar, etc.

En definitiva, “para que se pueda proyectar correctamente las ruedas hidráulicas, sus ejes y la correspondiente maquinaria” (El Adelantado, 19-09-08) debería dragarse el río de forma que éste alcance el nivel que tenía cuando los técnicos que trabajaron para Felipe II proyectaron con todo detalle las ruedas hidráulicas ¿Es arriesgado suponer que hoy día también será posible alcanzar una precisión técnica semejante? Pero, la limpieza del fondo del río no es sólo necesaria para la correcta instalación del futuro Museo de la Casa de la Moneda. Lo es también por sus beneficios ecológicos y turísticos en todo el entorno; desde la presa de la Moneda hasta el arco de la Fuencisla. En realidad, es algo pendiente desde que en el invierno de 1994 una fuerte riada arrastró diversos materiales de construcción que se utilizaban en la reparación de la presa y que se hallan depositados en el lecho del río, esperando pacientemente su evacuación.

Por todo ello, y a medida que avanza la obra de rehabilitación (de indiscutible interés técnico en sí misma y digna de elogio por su ejecución), y la de reconstrucción arqueológica (clave para la instalación de las ruedas y otros elementos) se hace más urgente que el organismo competente tome la decisión que la Asociación de Amigos de la Casa de la Moneda (AACM) ha solicitado. Muy lejos de entorpecer y sembrar dudas sobre la marcha de la rehabilitación pretende alertar e informar, para concluir con éxito este ambicioso proyecto. Ese es el objetivo que persigue desde su constitución, hace quince años. Como agrupación sin ánimo de lucro, cuenta con el respaldo y el entusiasmo de centenares de socios en todo el mundo. La AACM tan sólo pretende evitar las soluciones a medias que son siempre más costosas. Se trata de evitar gastos innecesarios y perjuicios posteriores por falta de previsión. Buscamos una gestión eficaz, no malgastar el dinero del contribuyente, para que no se produzcan hechos lamentables como la inacabada y frustrada restauración del teatro Cervantes. Los Amigos de la Ceca (cada vez más numerosos), junto con tantos otros simpatizantes, entre segovianos y visitantes, agradecerían al organismo competente que actúe cuanto antes para que pueda concluir felizmente esta primera fase y la Ceca y el río puedan seguir su secular colaboración amistosa. A lo largo de 167 kilómetros, las aguas del Eresma no conocen un lugar comparable a éste. Un conjunto monumental e histórico dentro de una atmósfera limpia y serena, una excepcional combinación de historia, arquitectura y naturaleza, bajo la altiva mirada del Alcázar. Por eso, creo que es razonable afirmar que la rehabilitación de la Casa de la Moneda es inseparable y exige también la limpieza del fondo del río, amén de otros rincones ya mencionados.