EL ADELANTADO DE SEGOVIA
11 AGOSTO 2008
 
Ocultación e incompetencia
TRIBUNA
Miguel Ángel Herrero

En su tercera acepción, ocultar significa literalmente, “callar advertidamente lo que se pudiera o debiera decir, o disfrazar la verdad”. Así se lee en el Diccionario de la Real Academia Española. Y esto es lo que hicieron durante varios meses los gerentes Conde y Mate, en el “caso Evisego”, ambos así lo han reconocido. Ocultaron al presidente y actual alcalde, y al consejo de administración un pago por duplicado de más de 1,7 millones de euros a la empresa constructora Urazca (El Adelantado, 23-07-2008). Por razón de su cargo, ¿no estaban obligados a comunicarlo al consejo? Es evidente que sí, pero callaron, luego, hubo ocultación del hecho durante varios meses.

La falta de competencia en este lamentable caso, es aún más evidente, pues según la información que ha trascendido y que la portavoz de la oposición expuso en el último pleno, Evisego siguió pagando en 2007 durante un mes, a pesar de que le habían sido devueltas algunas cantidades por la empresa constructora una vez detectado el fallo, sin embargo, al parecer, los gerentes no se enteraron. ¿Alguien se imagina un caso parecido en una empresa privada? Pues aún hay que hacer otro esfuerzo mayor de imaginación, superando a las novelas de política-ficción. Resulta que, por si fuera pequeño el despropósito, el alcalde y a la vez presidente del consejo de administración de esa entidad tan mal gestionada confirma en sus puestos a los responsables de esta escandalosa ineptitud. Sí, como lo leen. El alcalde del Excelentísimo Ayuntamiento de Segovia y presidente del Evisego sigue confiando plenamente en Juan José Conde y en Esther Mate, gerentes de Urbanismo y de Evisego, respectivamente (por cierto, el primero ¿no es el artífice de la triste imagen que ofrece el esqueleto del inconcluso teatro Cervantes, amén de otras pifias como la del proyecto de construcción en una zona de seguridad militar de Baterías?).

Se pretende que todo siga igual, pese a un fallo tan garrafal que ha comprometido gravemente nada menos que la tercera parte del total de los recursos financieros de la infructuosa empresa municipal Evisego. Y llegados a este punto, el pacífico vecino y puntual contribuyente de tasas y arbitrios municipales quizá recuerde que el trabajo de un gerente municipal se paga (lo pagamos) con un sueldo de más de 70 mil euros anuales (sirve de consuelo saber que de momento, no consta que haya habido pagos duplicados en sus nóminas). Sin duda, el empresario, el asalariado y el simple ciudadano sumido en la crisis económica se habrá preguntado, por qué el alcalde Arahuetes, tan hábil para las destituciones de personas de reconocida y probada competencia (recuerden la arbitrariedad perpetrada con Murray hace un año por estas fechas), o para aceptar dimisiones (otro caso de gerente malogrado, también hace un año, más o menos), sin embargo, en este gravísimo suceso, misteriosamente, no cesa a los responsables del desaguisado, aunque los propios interesados le han presentado su dimisión. ¿Será, por amistad personal? El regidor lo niega, sin dar la explicación que merecen sus votantes y la ciudadanía en general. Con ello, inevitablemente, la duda se agranda y su crédito político queda aún más cuestionado de lo que ya estaba, haciéndose responsable, al menos por omisión, de futuras consecuencias indeseables y perjudiciales para Segovia. Un paso más en la línea descendente de un gobierno arrogante y falto de autocrítica.

El portavoz del partido socialista tampoco es más explicito a la hora de dar explicaciones (ni era previsible). En los plenos suele refugiarse detrás de su vacilante retórica, mientras reparte, con tono paternalista y conciliador, consejos, admoniciones y alusiones personales del tipo: “señora Escudero, usted no se lee los papeles, trabaje…, trabaje por Segovia… y sonría”. La verdad, es que la portavoz del PP parece seguir el consejo de su adversario (como recomienda el refrán, “del enemigo…”) y así lo hace, aunque no en la forma que le hubiera gustado a su benévolo oponente, más bien al contrario, trabaja denunciando, como es su democrática obligación.