EL NORTE DE CASTILLA
18 MAYO 2008
 
LA ELIPSE
¿Dónde estará mi campus?
 
Aveces las cosas que son invisibles tienen mucha fuerza. Por ejemplo, el campus de Segovia de la Universidad de Valladolid. Sé por experiencia propia como profesor la fuerza y las potencialidades extraordinarias que tiene ese campus. He notado esa energía de la que hablaba el catedrático García Matilla en la protesta celebrada esta semana, que contó con ese toque lúdico, festivo e inteligente que se espera de los universitarios. En el propio talante de esa reivindicación se ponía de manifiesto la existencia de esa energía, de esa creatividad que es tan necesaria en las aulas como enriquecedora fuera de ellas.

También he visto, desde dentro y desde fuera, como las promesas que se han hecho con respecto a su futuro siempre se han quedado en agua de borrajas, y que, a pesar de albergar los estudios con más alumnos y más futuro de toda la región, los pasos que se están dando para darle una sede digna son aún muy lentos. Si me hubieran dicho que las obras de restauración de la Casa de la Moneda iban a empezar antes que las del campus, no me hubiera creído nada, y ahí lo tienen.

Poco se ha hecho tras la salida de Santiago Hidalgo, el anterior vicerrector, que por lo menos siempre que podía salía a la palestra pública a recordar con numantina persistencia que el campus era necesario, que había que hacerlo, que no se habían cumplido los plazos, etcétera. Pero el tiempo pasa y nada pasa. Conozco profesores magníficos que están ya absolutamente hastiados de las promesas incumplidas, gente a punto de cansarse de pedir explicaciones y de tirar la toalla. Y sería una pena. Pero de momento lo más cierto es que estamos perdiendo mucho tiempo, y en la construcción de un proyecto universitario sólido, el tiempo es un elemento esencial.

Explicaciones ha habido muchas, pero razones pocas; ese campus es ahora uno de los objetivos fundamentales que tiene esta ciudad para los próximos años y por eso debería tener tras su consecución a toda Segovia: partidos políticos, sindicatos, vecinos, asociaciones juveniles todos en torno a la Plataforma en Defensa de la Universidad Pública.

Recuerdo todavía la gran movilización que se produjo en nuestra ciudad cuando comenzó a estudiarse la posibilidad de que el AVE a Valladolid parara en Segovia. Todos lo tomamos como un objetivo prioritario, y se hicieron movilizaciones, estudios, manifestaciones, actos simbólicos, presencia de las instituciones en donde hiciera falta el resultado está ahí, en la estación de Juarrillos. La consecución del campus debería congregar detrás una unanimidad semejante, porque cuando hablamos de su necesidad no nos referimos a un capricho de unos cuantos profesores o alumnos, más o menos cabreados por tener que repartir sus clases en varios centros. Nos referimos a uno de los ejes esenciales para el futuro de Segovia, que se lleva perfilando ya en los últimos años nítidamente como un futuro cultural, turístico y educativo. Y para ello es necesaria una Universidad pública fuerte, con un campus nuevo y práctico, que, en conjunción con todos los esfuerzos privados que se quiera, sea una referencia para toda la ciudad y la región.

La universidad pública de Segovia existe, le pese a quien le pese; hay en Segovia ambiente universitario, y gracias a Dios que podemos decir eso, porque sin duda se trata de uno de los elementos que contribuye a mantener viva a la ciudad, a abrir las murallas, a que entre el aire fresco que traen los centenares de jóvenes procedentes de toda España que aquí estudian. El campus existe. Al menos en espíritu. Ahora sólo falta que también exista en piedra.